viernes, 20 de diciembre de 2013

NAVIDADES NEGRAS




El más puro de los egoísmos –el Egoísmo- nos debería resultar suficiente a la hora –el momento- de  plantearnos, o no, hacer el bien a los otros, sólo fuera a efectos de que, luego, hablen bien de nosotros, pues parece estar demasiado claro –una insolente evidencia- que serán los otros los destinados a dar cuenta de quiénes y cómo fuimos nosotros.
Pero, ¡Amor mío!, ¿qué es el Bien? En esto no logramos ponernos de acuerdo. Ni siquiera tú y yo. Ni siquiera en Navidad. Entonces, ¿pa’qué nacer? E, igualmente, ¿por qué alegrarnos de si el niño nace? No obstante, nos concedemos una tregua. ¡Bebamos! ¡Rifemos la suerte del niño! Sólo hay que esperar hasta que, para marzo o para abril, nos alcance -¡por fin!- la semana santa.
Pasa que es tan corta la vida de los otros, que cuando quieren hablar, ya están muertos.

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