sábado, 27 de septiembre de 2014

LA NATURALEZA HUMANA



Antes de nada, como el viajero que no sale de casa sin el viático de la jornada, será larga y dura, una advertencia para famas cortazarianos: alcanzada cierta edad a fuerza de sacrificios incruentos; cuando el mucho ahorrarse que imponía el ir de la mano de la reconfortante razón y el buen sentido, ya resulta una carga excesiva, mientras la conseja de los amigos muertos se repite incansable igual a un mantra liberador: ‘abandónalo todo; despréndete de cuanto jamás fue ttuyo –eso que estaba ahí y ahí has de dejarlo-, lo primero en verse de más es la razón misma, pues sin fe en ella, no hay razón que valga un pimiento. Y ya me dirán cómo tener fe, confianza, en una razón que, de ayer para hoy, no vale para sostenerte el cuerpo, que se cae al vacío como el fardo de un contrabandista sorprendido; que se oxida como el hierro de las escalerillas de las piscinas; que se vuelve tan odioso y detestable como el paquete de cigarrillos a quien dejó de fumar por prescripción facultativa. Dicho sea al paso, la última razón a la cual se acude cuando el cuerpo –a lo natural que lleva la razón de escudero- envejece, enferma, y aunque el doctor de oficio te ofrece (a ti, porque eres tú quien no deja de preguntar) mil argumentos que lo hacen todo predecible: la vejez la enfermedad sus secuelas, tanto te da. Te importa un bledo la razón que sólo sabe ofrecerle oportunidades a la muerte encadenada a los hechos. Y entonces la pierdes, pierdes la razón en el más literal de los sentidos. 

¡Bienvenido seas al espanto!

¿Lo entienden? Debía advertirles aunque no sirva de nada. Luego, entre aquella nada que encabeza este escrito y esta otra nada que valdría para cerrarlo, media, así la mejor de las burlas, la naturaleza humana. Locura la de nacer y locura mayor mantenerse vivo, sin bien pudiera ser lo cierto, así lo he leído en alguna parte con visos de convencimiento, que quien casi al final no tiene ni donde caerse muerto, pues eso... Tal vez fuese una piedra de camino hacia otro lugar. (A Luis Castro Nogueira)

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