sábado, 5 de octubre de 2013

el alfabeto de los nolanos





la A del Alba es la primera.

la B se atiborró de Bollos una mañana y desde entonces no le abrocha el pantalón en la Barriga.

la C es tan Coscona que ni siquiera se levanta de la Cama.

la D se Debe al Desastre de los banqueros.

la E es Esclava de sus Escarpines.

la F se reFría tanto, que siempre sale a la calle con buFanda.

la G va a pares en los camellos.

la H como es muda, se la echa mucho de menos.

la i, de tan delgada, teme que el viento le vuele la cabeza.

la J se la clavan los peces en el cielo de la boca.

la K hay quien la compara con un militar en un desfile.

la l de tan Lisa como es, se viste con cualquier cosa.

la M siempre está a Mano.

la N parece un gimnasta al que le duelen los riñones.

la Ñ se molesta cuando el sol le da en los ojos y por eso gasta visera.

La O está tan gorda por no cerrar nunca la bOca.

la P tiene tanta cabeza para que le quepan los Pensamientos.

la Q, de tan rara, aparece siempre que se pregunta.

la R Rueda y no es Redonda, y por si acaso se rompe, lleva otra de Repuesto.

la S escoge para esconderse la Sierra de un carpintero.

la T es tan Tonta que, aunque se cansa, no baja nunca los brazos.

la U es propiedad de los fantasmas.

la V Va y Viene continuamente y por ello que va de la t que tiene un tren.

la W ya tiene los mismos derechos que un matrimonio cualquiera.

la X tiene interés por lo que esconde.

la Y por ser un regalo griego, nadie quiere quedarse con ella.

la Z, por ser la última, aunque quién sabe, va siempre mirando atrás.
Vigila que nadie acose al alfabeto que con tanto mimo pergeñaron los nolano.

jueves, 3 de octubre de 2013

EL PRECIO DEL PAN -XII-



L
a Bolsa o la Vida –me impelió el Ladrón enmascarado surgido de las sombras y de las páginas de una novelilla de kiosco, donde con toda seguridad había aprendido esa ridícula frase. Un ladrón de verdad. Un ladrón que sabe lo que se hace, me habría dicho: dame todo lo que llevas encima o te rajo como a una hogaza de Pan tierno. Porque el ladrón profesional llevaría una enorme navaja en su mano izquierda –los malos son siempre zurdos- que daría fe de sus inequívocas intenciones, llegado el caso. Pero la alusión al Pan – cosa mental mía, pues acabo de contarles que el ladrón sólo me pidió que le diera o bien la Bolsa o bien la Vida- me hizo pensar que, en efecto, cuanto cargaba en la Bolsa era Pan, y así se lo hice saber.

-En la Bolsa llevó el Pan de mis Hijos, y eso, como usted comprenderá, no lo comparto con nadie, por muy ladrón que sea. Quíteme la Vida si quiere.

El Ladrón enmascarado me miró sorprendido –supongo, pues el que hubiera mudado de cara no podía yo verlo tras la máscara- y durante unos instantes pareció dudar qué hacer (este detalle también me llevó a pensar: no, no se trata del Lenin, el temible azote de la burguesía que aún se atrevía a salir de noche).  Y sin perder del todo la debida compostura, aproveché ese pequeño descuido suyo para redundar en mi plática disuasoria.

-Ahora bien –seguí mi atrabiliario discurrir: más miedo que vergüenza-, si me mata –tampoco iba aandarme con circunloquios- prométame que hará cuanto esté en sus manos para que mis Hijos  reciban el Pan a tiempo. Son niños. Están en edad de crecer. Y un día, sólo un día, sin Pan, basta para provocarles un trauma... tanto en su desarrollo físico como en su complementación psíquica –pude añadir aun cuando cueste creerlo.
Sucedió, sin embargo, que el Ladrón enmascarado no era tan idiota y reaccionó a tiempo. Sin más requilorios por su parte, apretó el gatillo de la pistola que apenas si era capaz de sostener con las dos manos y me disparó. Pum Pum Pum.

Las balas ni las vi -el humo sí, pero al humo jamás se le presta la debida relevancia si hay fuego-, las sentí. Sentí como, una tras otra, se me metían en pecho, le habían abierto un agujero, y me mataban con la misma rapidez con que se casca un huevo golpeándolo con el filo de la sartén puesta al fuego. De modo y manera que cuando el cuerpo real del huevo, el huevo propiamente dicho, cae sobre el aceite hirviendo, es ya un cadáver y no sufre. Como tampoco yo sufrí. Ni siquiera –aunque antes haya expresado lo contrario- ante el temor de que los niños se quedaran sin Pan[1], daba por hecho que el Ladrón -ahora se había quitado la máscara visto que nada tenía que ocultar- no cumpliría la palabra que tampoco, la verdad, me había dado. Seguramente, porque nunca fui un buen Padre. Y lo de hoy –que fuera yo quien saliera a buscarles el Pan a los niños en lugar de su Madre, como de costumbre- se debía a una puñetera casualidad. Pensamiento, éste, muy habitual entre los muertos:


[1] Sin pan, sin pan, sin pan
sin pan, sin pan, sin pan
sin pan, sin pan, sin pan
y trabajar.
San Antonio pa' comer
San Antonio pa' cenar
San Antonio pa' comer
y trabajar.
Sin pan, sin pan, sin pan
sin pan, sin pan, sin pan
sin pan, sin pan, sin pan
y trabajar.
Una hostia pa' comer
una hostia pa' cenar
una hostia pa' comer
y trabajar.
Sin pan, sin pan, sin pan
sin pan, sin pan, sin pan
sin pan, sin pan, sin pan
y trabajar (canción popular)

martes, 1 de octubre de 2013

MONÓLOGO DE TENDENCIA CÍNICA, como no podía ser de otro modo


¿Hay vida más allá del Capital? La pregunta sobrepasa lo retórico si, como sostiene Jameson, vivimos en un mundo donde –en efecto- no hay espacios fuera del alcance del capitalismo. La desintegración del viejo –tan viejo nos parece hoy- Socialismo real así lo ha venido a demostrar con una suficiencia tal, que no podía sino mostrarse como altanería y menosprecio. Altanería en la valoración de la propia propuesta capitalista (única y global). Y menosprecio hacía los espacios vacíos que la desaparición de los Estados comunistas (todo lo falsos que se quieran) ha originado, y cuya finalidad última consistía –y anda en ello- en hacer del planeta un territorio de caza para el Capital, vuelto, a su vez, por esas artes de trilero que es la globalización, en un espectro sin residencia. Deslocalizado. Ubicuo. Tan pronto aquí como allí. Presente sólo en su representación (¿democrática?). espectáculo invisible –pero necesario- con lugar inaccesible ahí donde se cuece el teatro de sombras a cuya proyección asistimos ensimismados, bobalicones, confiados más en el milagro que en la maña y en la trampa.

Que la representación democrática del Capital ha supuesto ‘un esfuerzo’ digno de la recompensa que ahora espera recibir, queda fuera de cualquier cuestionamiento. El sobrepasado siglo XX da buena cuenta de ello. Sin mentar el nazismo en tanto vanguardia (que se les fue de las manos) de un capitalismo inexcusable, desde el aplastamiento de la Revolución española del treinta y seis (en el cual tomaron partes ambos bandos), pasando por la represión en Grecia tras la IIª gran guerra, la anulación simbólica que significó el engendro eurocomunista, hasta las guerras sucias de América latina y la ‘enfermización’ de África y Asia, parece estar cada día más claro el afán capitalista por desertizar el mundo nuestro (es un decir) de cualesquiera ‘otras miradas’ que pudiesen cuestionar –sólo cuestionar- su Visión exclusivista. Y lo ha conseguido. La Historia, efectivamente, ha llegado a su final anunciado, mas no porque los tensores que la mantenían en marcha se hayan equilibrado y estabilizado, sino por todo lo contrario. Porque uno de esos tensores, el del Capital, ha arrastrado al otro (¿el proletariado?) al abismo o a la conformidad. El dudoso ‘punto muerto’ que supo ser la Sociedad del Bienestar, la Social Democracia, ampliamente aceptado por parte de las ‘izquierdas sensatas’ (todas sin exclusión) que decían representar a las ‘clases desfavorecidas (¡valiente eufemismo!), significó, realmente, su renuncia explícita a la Lucha de Clases. Quizá confiadas –aunque mejor: compradas- en que de la otra parte, de la parte del Capital, se estaba por lo mismo. Pero el Capital lo tenía claro. Por supuesto que hay Lucha de Clases y los Ricos estamos ganando, terminó aclarando la cuestión –y la Historia- Warren Buffet, 58.000.000.000 de dólares a la espalda. Los ricos han ganado la Lucha de Clases: ¡cómo, coño, si no, iban a seguir siendo ricos! Porque los ricos ya no son de este mundo. A cambio nos han dejado el Mundo democratizado –salvo excepciones que lo ratifican- si por tal se entiende la lona, el tatami, el espacio vacío de la lucha individual por la supervivencia en la igualdad del ‘todos iguales porque todos somos nada’. Bien pensado, el capitalismo acaba de hacer realidad lo que se sabía era indispensable. Que no seríamos iguales si no lo éramos económicamente. Tanto da si era que todo se repartía o que todo nos lo quitaban.

Nos queda el cuerpo, pero si creen, como lo creía Spinoza, que nadie lo que puede o vale un cuerpo, lean, si les place, porque tiempo tienen de sobra, los libros que les muestro y sienta la que nos espera.

HERMENÉUTICA GALEGA




...lo espero, lo deseo y estoy convencido. M Rajoy emplea esta muletilla con una asiduidad tal, que ya empieza a resultar sospechoso el hecho. Al menos, a recelar de su inteligencia y capacidad para expresarse más allá de lo que trae aprendido, quizás en razón de haber gastado todo el fósforo de su cabeza –y bien hermosa que la tiene- en traducir del alemán la dichosa frasecita .

La pregunta es ¿qué quiere decirnos M Rajoy cuando nos dice...lo espero, lo deseo y estoy convencido? Totum revolútum. A la vez. En el mismo y único acto (supuesto) de esperar, desear y estar convencido. La espera es cuestión de tiempo; un tiempo, claro está, incalculado e incalculable, capaz de cubrir desde un instante a la eternidad entera. El deseo depende de la suerte, del azar y, en la mayoría de los casos, de la disposición que manifiesto lo otro, lo deseado, por plegarse a nuestro capricho, de modo que lo más aconsejable es volver a esperar. Y el convencimiento desde luego no añade nada nuevo a lo ya expuesto. A la manera de M. Rajoy, ‘estoy convencido’ queda tan alejado de lo principal de la oración, que es imposible saber si se refiere a ello o a esto otro de que espera y desea. Es decir, si de lo que está convencido es de su esperanza y su deseo. Por ejemplo: el paro ha bajado el último trimestre... lo espero, lo deseo y estoy convencido. Es lógico que estuviese convencido si el trimestre de referencia ya ha vencido (perdón por el pareado), pero, entonces, ¿por qué insiste en que lo espera y lo desea? De modo que si ‘estoy convencido’ enlaza con ‘el paro ha bajado el último trimestre’, más parece darnos a entender que cuanto le convence es su propia mentira, a la espera, deseable, ¡cómo no! O bien que M. Rajoy vive permanentemente en Canarias y espera, desea, está convencido de que en ese hora atrás con que cuentan los canarios para oír las palabras de M. Rajoy en su ‘tiempo verdadero’, tenga lugar el milagro.

Puede que sea así o puede que sea de otro modo. La verdad: no lo sé. Yo también me confundo y me pierdo cuando oigo a M. Rajoy. Desde la primera vez en escucharlo vivo in albis. Como el tonto del pueblo o es discípulo zen que acaba de recibir una patada en las espinillas del viejo maestro como práctica explicación de qué es el satori. Tantos años desperdiciados en buscar el sentido en las palabras y con las palabras, para acabar teniendo que darle la razón (¡y qué me importa! si así son las cosas) a Rafael Alberti: las palabras entonces no sirven: son palabras. Pero no entonces: Nunca.