miércoles, 2 de agosto de 2017
jueves, 27 de julio de 2017
CONTRA LA ESPIRITUALIDAD Y OTRAS CONTRAS
El
silencio está sobrevalorado. Lo mismo el silencio de Duchamp que el de su
porquero.
De
quien calla se espera que, luego, obre maravillas. Pero la espera suele hacerse
tan angustiosa, que ya no da para ver cómo ocurre la epifanía del habla.
Lo
harpocráticos alababan el silencio de Harpócrates, su dios, pensando que de un
dios sin voluntad expresa, jamás podría venir daño alguno para ellos.
Guardad el silencio debido. A día de
hoy todavía me sigue provocando una ligera comezón el recuerdo de unas placas
de porcelana descascarillada que se exhibían a las puertas de algunas iglesias
granadinas y a la entrada de los cementerios de los pueblos de alrededor. Nos advertían
que estábamos en la Casa del Señor. Nos decían que nos encontrábamos en el
territorio de la muerte. Lugares, ambos, donde el silencio era una deuda
contraída. Así fue como, poco a poco, pero extendiéndose al igual que una
sinécdoque, aprendí que el Señor y la Muerte, el Poder y la Muerte, son compañeros
del alma, tan callados… Y viví temeroso del habla durante un tiempo, hasta el
día –como de pentecostés negro- en que un pensamiento terrible se adueñó de mí:
De lo que no se pueda hablar hay que blasfemar.
Bastaría
dar con el nombre exacto de las cosas para que las cosas respondiesen, prontas,
al llamado. (De la cábala mística al materialismo dialéctico. Una controversia)
Los
epicúreos hablan una vez se sienten satisfechos. Y ello es así en señal de
agradecimiento. Jamás dirán nada mientras algo crean que les falta, pues hablar
en necesidad significaría el principio del fin de su filosofía.
En
lo más alto de los eremitorios se solía pintar un gallo de vivos y refulgentes
colores. Mudo como era ese gallo por padecer del mal de la piedra: el silencio,
despertaba, no obstante a los dormidos eremitas repitiendo sobre sus ojos los
primeros rayos del sol.
No
está dado elegir entre la palabra y el silencio, así entre los dos corriera una
guerra despiadada para mantener a salvo sus respectivos territorios, y en el
curso de la cual cada uno de nosotros, como cada una de nosotras,
distintamente, tuviese la dudosa posibilidad de añadirse por voluntad a este
bando o a aquel bando. Pero ocurre, se nos ocurre, y es entonces que las
guerras se declaran de un bando y del otro se asumen sus consecuencias. Va a
darse la batalla final. El parlante arrea el primer golpe, porque ya lo llevaba
en su palabra. El silente recibe la trompada y probablemente muere en ese
aserto victorioso como es cumplir hasta la muerte: Que ni la mayor de las adversidades te haga ni siquiera rechistar.
Es duro pero es así como se cuenta. A la noche, los parlantes dan su reino
sobre la tierra por invencible, pues de todas partes surgen voces triunfadoras.
Los silentes, enterrados con los honores debidos a los que en vida no llegaron
a rendirse, ven cómo es que a la tierra prometida sólo regresan los que una vez
callaron para siempre.
En
el momento de la muerte, justo entonces, cuando podría resultar alivioso tener
un aliado incondicional al lado, el alma abandona el cuerpo silenciosa. No cabe
mayor traición ni cobardía. Tampoco da tiempo al cálculo.
lunes, 17 de julio de 2017
CONTRA LAS RELECTURAS VERANIEGAS
No soy yo el que lee por vez
segunda lo que está escrito. Ahora lo sé. Sé lo que voy a leer y acaso leo
para cerciorarme. Las páginas de los libros amarillean, pero no envejecen. Y yo
sí. Yo, que leí atraído por conocer de lo nuevo, de las novedades que debía
haber en los libros, ahora leo para cerciorarme de si cumplí o no con lo que se
me ofrecía. Y veo, leo, que una de las dos veces no supe leer lo que veía,
leía. Las páginas de los libros, no obstante su color de enfermo crónico,
conservan su juvenil amenaza. Con mucho atrevimiento, como corresponde a la
edad que no cumplen, los libros insisten en ofertar sus frescuras, convencidos
de que también sus lectores son nuevos y a la espera. Pero el viejo lector –incluso
por edad es viejo- al presente desconfía del libro que no ha sido reescrito
para esta segunda ocasión. Así lo exigiría si, como entonces, cuando creyó que
aquel libro que leía estaba escrito para él, existiese una absoluta complicidad
entre el escritor y el lector. Que no la hay, nunca la hubo, se dice éste
mostrando su malhumor mientras culpa de todo a la promiscuidad del escritor. Jamás
aceptará que sea él quien interrumpa el concierto al echar la vista atrás.
Contra las comodidades del
releer, las convulsiones provocadas por el olvido.
miércoles, 12 de julio de 2017
martes, 11 de julio de 2017
EL PENSAOR
Se pinta de frente. Se escribe
desde arriba. Se piensa estando a solas y esto hace imposible conocer la postura
adoptada por el individuo pensador en acción. Él mismo nos lo podría confirmar,
pero antes deberá haberse ganado nuestra plena confianza, y en eso de hacerse con
nuestra razón, malgasta todo su tiempo. Luego, cuando por fin parece habernos convencido,
logrado que seamos uno con él, ya resulta demasiado tarde para todos. Entonces lo vemos
tendido bocarriba, los ojos cerrados, los labios apretados, todo su cuerpo entregado
a una pasividad de ensueño. Acaso porque tal sea la postura ideal para el pensador,
y no la que nos dejara Rodin, más de acuerdo con la de un hombre que se ha
detenido y se sienta en la piedra para aliviarse el dolor de sus
zapatos recién estrenados.
viernes, 30 de junio de 2017
LA SOCIEDAD DEL ESPECTÁCULO SEGÚN FRANZ KAFKA
Franz Kafka nos
habla de un mono instruido en las ciencias y en las artes del hombre.
No nos cabe
dudar de las palabras de Franz Kafka.
A la vista está
que creemos en todos sus disparates:
Muchos de ellos
se cumplieron.
sábado, 17 de junio de 2017
TEO(A)GONÍA
En la cueva del confín del
mundo se agazapaba una bestia fea
En la bestia, no obstante
lo fea que era, vivía un alma clara
En el alma clara (¡qué jolgorio!)
se hacía querer un dios irascible
En el dios irascible, un
día, creció la vanidad de un hombre a su semejanza
En el hombre, dios era
casi todo el hombre, quedó la nostalgia de la bestia abandonada
En la bestia, distinta
ahora que ya sufría, anidó poco a poco un engaño irreparable
En el fatal engaño cayeron
todos los seres menos la serpiente
La serpiente, a su vez,
engañó a la mujer con una fruta o un diamante
La mujer sedujo al hombre
con su cuerpo desnudo para entonces
El hombre ansió a la mujer
eternamente
Eternamente hay un hombre
que viste traje de miedo
El miedo es de tristeza y
negrura como una cueva
En el penetral de la cueva
vive ahora una fiera corrupia
En la bestia, otra vez ella misma, habita un alma
encarnecida
En la profundidad del alma maduran dios e imágenes
suyas
Las imágenes de dios confunden el corazón de los
hombres
Que por siempre se andan creyendo hombres nada menos
Que se andan creyendo hombres de los hombres ellos
mismos
Y que se toman muy en serio por las palabras mismas
de los hombres
Las únicas palabras de hombre que los hombres
alcanzan
Y he aquí el engaño que más les gusta:
Los hombres se confunden siempre con las imágenes de
los hombres
Y así no hay quien entre los hombres entienda nada
Cuando nada es lo único que suma el hombre
Cero más uno, uno, uno, uno uno, uno
Donde cero y nada no son sino imágenes que se gustan
Y uno es lo mismo cada vez pero vacío
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