domingo, 15 de marzo de 2015
miércoles, 25 de febrero de 2015
de RELATOS SIN ASUNTO -III-
La biblioteca de los anarquistas
Este fue el problema radical:
restablecer la normalización poética. Por supuesto que en la primera posguerra
–hasta los 60 diríamos- la cuestión seguía siendo un arrastre de materiales de
derribo. El primer paso hacia la normalización era la incorporación de los
vencidos.
-preámbulo-
Durante el entierro de
Buenaventura Durruti Domínguez (Barcelona, noviembre de 1936) se vieron pasar hombres
con corbata.
Aviones que
al volar dejaban tras de sí un rastro de humo rojo y humo negro.
A Federica
Montseny que en un momento dado no pudo contener la risa y allí mismo se orinó
de risa.
“Nadie sabe
lo que aguanta un cuerpo” –aseguran que llegó a comentar García Oliver ante el
desacierto de la Montseny. Probablemente García Oliver era el único de los
presentes capaz de seguir leyendo a Baruch de Spinoza, incluso en tiempos de
guerra.
Pero es que
la poesía había quedado rota, deshecha en cuanto lenguaje en sí: la prosa
poética, heredera (o contemporánea) de Ortega y D’Ors, la había triturado: ¿Qué
significaba la “unidad de destino en lo universal”?
-trama-
En la mesita
de noche, junto a la lamparilla desenchufada y el paquete de cigarrillos Gauloise
a medias; un encendedor marca Zippo y el vaso de agua enturbiada, un libro cuyo
título todavía hoy le sigue provocando una vaga desazón: La historia
interminable.
El hallazgo genial del poema en prosa se transformó
(en Ortega por cuestiones de la traducción de la metafísica a la cotidianeidad;
en D’Ors por cuestiones de dar sustancia al esteticismo de lo vital del
uniforme azul) se trasformó, digo, en esa prosa poética que no decía más que su
vaciedad y su hueco.
-resumen-
En la
Biblioteca de los Anarquistas hay un título que invariablemente nunca falta: El
libro que vendrá, y otro que nunca se encuentra: El eco de los pasos.
(en cursiva:
Juan Carlos Rodríguez. La poesía y la sílaba del no (Notas para una
aproximación a la Poética de la Experiencia. En Scriptura nº 10., Facultad de
Letras. Sección de Literatura Española. Lleida 1994)
lunes, 23 de febrero de 2015
de RELATOS SIN ASUNTO -II-
La lengua del Tercer Reich
Moscas, demasiadas moscas para un único cazador de moscas
sobrevolaban Berlín.
Esa misma noche, los arrogantes nazis, uniformados y
borrachos como cubas de cerveza caliente, incendiaron el Reichstang.
-Vamos a buscar piñas al bosque –dijo mi
mujer-, que es más sano y más divertido.
(Notas extraídas de “el diario de camarero del bar
de oficiales del campo de trabajo de Buchenwald”)
17 de junio: De qué nacionalidad es Jan Kiepura? El
otro día prohibieron un recital suyo en Berlín. Entonces era el judío
Kiepura. Luego actuó en una película producida
por el por el consorcio Hugenberg. Entonces era el “célebre tener de La Scala
de Milán”. Más tarde le silbaron en Praga por cantar una canción alemana: Esta
noche o nunca. Entonces era el cantante alemán Kiepura.
(Más tarde me entére de que era polaco.)
El can ovejero del Rottenführer Rudolf Muller se llamaba Heil, pero los maliciosos
judíos del Campo le decían Circunciso, pues el can ovejero del Rottenführer
Rudolf Muller tenía el rabo cortado.
Pero pregúntese uno si pueden intercambiarse los epítetos
en combinaciones trilladas tales como “un oscuro fanático” o un “simpático entusiasta”,
es decir, si puede hablarse de un oscuro entusiasta y de un simpático fanático.
La sensibilidad lingüística se opone a ello.
Hoy nos han
llegado trece mil judíos nuevos al campo. Si todo va bien, es probable que mañana
ya no sigan aquí.
Recuerdo la travesía que
realizamos hace veinticinco años de Borholm a Copenhague. Por la noche nos habían
trastornado la tormenta y los mareos; a la mañana siguiente, protegidos por la
costa y con el mar en calma, disfrutábamos del sol en cubierta y esperábamos el
desayuno con ilusión. En eso, una niña que estaba sentada en un extremo del
largo banco se levanto, corrió hasta la barandilla y vomitó. Un segundo más
tarde su madre, sentada a su lado, se levantó e hizo otro tanto. Acto seguido
se levantó el hombre que se sentaba al lado de la madre. Luego un muchacha y a
continuación... El movimiento avanzaba con regularidad y rapidez, siguiendo la
línea del banco. Nadie quedó excluido. Faltaba mucho para llegar a nuestro
extremo: allí, la gente observaba con interés, se reía, ponía cara de burla. Los
vómitos se fueron acercando, las risas remitieron y la gente empezó a correr
hasta la barandilla también en nuestro extremo. Yo observaba con atención y me
observaba a mí mismo con igual atención. Que existía algo así como una observación
objetiva, decía yo para mis adentros, y que me había formado para ejercerla,
que había algo así como una voluntad férrea, y me hacía ilusión el desayuno...
En eso, me tocó el turno y me vi obligado a acercarme a la barandilla, como
todo el mundo.
Sorprende la
facilidad con que los judíos parecen adaptarse a su nueva vida en el Campo. Si
bien, entre ellos comentan que será por poco tiempo.
Después
de la catástrofe de Stalingrado, que tantas vidas humanas devoró, Goebbels no
encuentra mejor expresión para definir la inquebrantable valentía que la siguiente:
Aquí comienza a faltar de todo, menos el jabón.
(Mil años
después)
-Maestro,
¿qué es la espiritualidad?
-No seas
impertinente, chaval.
Pero el
chaval -que impertinente lo era: casi tanto como el aguijón de una avispa
codiciosa- desoyó con aplomo las palabras del Maestro y siguió preguntando.
-Maestro,
¿qué momento es el apropiado para alcanzar la espiritualidad?
El Maestro,
mostrándose condescendiente por una vez, le respondió.
-A la una, a
los dos y a la de tres.
A lo que ya estaba el chaval corriendo hacia ninguna parte. Y tanto
corría, que enseguida fue la nada y fue el todo en los ojos cegados del
Maestro.
Entonces, la
espiritualidad se hizo carne y mil años hará a día de hoy que dura su reinado.
-Volvamos a
buscar piñas al bosque –dijo mi mujer-, que es más sano y más divertido.
(en cursiva:
Victor Klemperer. La lengua del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo. Círculo
de Lectores. Barcelona 2005
viernes, 20 de febrero de 2015
(de) RELATOS SIN ASUNTO
Las
transformaciones de Franz Kafka
...nació en Madrid en 1975. Es redactor de
cultura y articulista del diario..., así como colaborador de... Su último libro
de poemas, publicado en la editorial.... recibió el Premio...
En el sueño, K. recibe las tablas de la ley de la mano
del Señor.
De vuelta al campamento donde quedaron sus hermanos, los
encuentra adorando un dios que sólo es barro y no el dios verdadero que él ha
visto y le ha hablado.
Ciego de ira, K estrella las tablas de la ley contra la tierra
seca. Toma una lanza y atraviesa el corazón del falso dios.
Uno a uno van pereciendo los traidores. K. repara en
ello, pero ya es demasiado tarde para evitarlo. Las tablas de la ley son, para
entonces, las lápidas que esconden sus cuerpos desbaratados.
...es profesor titular de... en la... Ha sido
Fulbright en la... e investigador visitante en el... Su último libro es...;
ahora ultima una monografía sobre el concepto de... para la editorial... Es colaborador
habitual de... y..., además de columnista de...
K vació el contenido de la maleta
sobre la cama.
Se desvistió.
Entró al baño y estuvo un buen rato
bajo la ducha.
Al volver a la habitación, la ropa
seguía tal y como la había dejado.
No sólo le ocurre a los dinosaurios*.
*aproximación a
Augusto Monterroso
...es autora de una obra de teatro....
Colabora con frecuencia en exposiciones y proyectos de artista y ha publicado
en...,... y...
Esta
mañana he visto a K bajando por Na Prikopé hacia Panská. Llevaba un niño chico
de la mano y sonreía.
a. Pese a la hora, tan
temprana.
b. pese a la extrañeza que
mostrábamos al cruzarnos con él.
...es doctor en... por la... Compagina su
trabajo artístico con la pertenencia al grupo musical... y a la asociación
cultural... Escribe sobre arte, música, es comisario e ilustrador de libros y
portadas de discos para músicos como...
-Madre,
que Padre ha roto aguas.
Algo
fallaba en la cabeza de K. o el mundo no era ya lo que antes era.
...es poeta, periodista y editor. Es autor de
los libros... y.... este último publicado en...,... y... Vivió en... de... a...
Actualmente vive en...
-Padre, ¿usted cree que Madre me
perdonara?
En la cabeza de K. se albergaba ya la
culpa irredimible del Padre.
...es periodista y productor web.
Máster de... y licenciado en..., ha fundado y dirige la plataforma digital...,
colabora con medios como... o... y coordina talleres sobre narrativas
transmedia aplicadas al periodismo de investigación. Tiene... años y nació y
vive en...
-Las cosas de padre
déjenlas donde están –le advierte K. a los mozos de la mudanza
Pero K. es consciente de
que los mozos no sabrán distinguir las cosas del padre de entre todas las cosas
de la casa y por eso huye. Escapa de la casa donde las cosas del padre se han
de ir cubriendo de polvo lentamente.
...vive en... y trabaja como
escritor científico, periodista y editor para... En vidas anteriores ha
trabajado como físico en el.... y en el.... de... y como técnico de políticas
en el directorio para el... de la... Escéptico de la gastronomía molecular, se
limita a cocinar un repertorio de antigua tradición mediterránea.
Centenares de cucarachas albinas hablan de abandonar la
casa al verse obligadas a compartir el hambre con nosotros, los judíos, escribe
K. en su diario.
Más adelante añade una lista de deberes:
-Cambiar
las sábanas.
-Sacudir
las alfombrar.
-Abrir
las ventanas para airear la casa.
-Barrer.
-Limpiar
el polvo.
-Recoger
la ropa tendida.
Y un comentario jocoso:
Antes de que Milena Yesenská se presente en casa.
...es escritor, pintor, guionista de cine y crítico de arte. En...
ganó el... por su novela...; desde entonces han aparecido en español otras como...,...
o la trilogía... También es conocido por sus ensayos sobre arte, como...
Las cucarachas luchaban a muerte con los hombres –escribe
un K. aterrorizado por el hallazgo.
No resulta fácil imaginar quién podrá salir victorioso de
esa cruenta batalla entre hombres y cucarachas por un trozo de la dudosa carne
en litigio.
Las cucarachas cuentan a su favor con la posibilidad de
reconocer la procedencia de la carne medio podrida y, a pesar de ello, o por lo
mismo, no sentirse asqueadas.
En cambio, los hombres, previo a decidirse, deben sobreponerse
a los remilgos provocados por la angustia de no saber si comen de los restos de
una criatura humana, incluso.
Aunque les acabará resultando indiferente.
Para entonces, ya ni recordarán cómo eran ellos antes de
que la guerra tuviera comienzo
...es
sociólogo. Colaborador de..., ... y, es director de... y de la revista
cultural...
Un
hueso de cucaracha incordia en el corazón grande del mono circunciso.
Al amanecer del día siguiente, K halla
bajo la ventana del sanatorio donde se cuida del mal del aire, las huellas
recientes de un caracol enano que huyó de Praga cuando cien lebreles
enardecidos lo acosaban como a un animal en campo abierto.
...es
crítica literaria y traductora. Doctorada en..., es profesora del... en... y
crítica literaria para el... En castellano es autora del ensayo..., y editora
del libro de....
A cinco centavos por cucaracha y a una media de una cucaracha cada quince
segundos, precisaré de algo más de veinte millones de unidades y unas
ochocientas treinta y tres mil horas aproximadamente, antes de llegar a ahorrar
mi primer millón. Calcula K. una vez establecido en América.
Entretanto, sobreviviré como los estudiantes de
leyes muy pobres: sirviendo los pedidos a domicilio de la carnicería kosher de
mi primo Frank.
... estudió Historia del Arte y
Humanidades en la ciudad... Pasó por el seminario y vivió en..., ... y... por
cortos periodos de tiempo. allí trabajo en tiendas de... y escuelas de... Hoy
vive en... y participa en distintos proyectos culturales relacionados con la...
También mientras K. recorría
América de Este a Oeste fue que entró de
nuevo en contacto con la cucaracha que conociera en su habitación de la casa
del Padre, allá en la lejana Praga.
Poco tenían que decirse
el uno a la otra. A K. sólo le interesaba saber si la cucaracha recordaba
todavía que por un tiempo ella y no él fue el más grande escritor del siglo XX.
de Relatos sin asunto, libro inédito
(Las cursivas pertenecen al nº 6 de la revista El estado mental)
martes, 17 de febrero de 2015
ESCRIBIR MAREA. TANTO COMO NAVEGAR
(A
Marinela Hernández Sánchez)
Para
el sentido común el término Mito señala aquello que, en principio y por
principio, nos puede parecer una impostura (leyenda, cuento, ficción, revuelto
como en botica), la cual, no obstante y gracias a lo amable de su apariencia,
tampoco nos acaba de resultar un ‘mal comienzo’. No se trata, claro, de un mero
y oportuno juego de palabras, sino de cumplir con el deber de reconocer que la
realidad, lo real, nos alcanza a posteriori, en el luego de estar ya en la
posesión, siempre frágil, de las palabras. Y el mito –al decir de algunos con
autoridad suficiente- es la palabra misma. Esa palabra que el niño al echar a
hablar balbucea, repite, recita sin saber todavía qué anda pidiendo ni por qué,
sólo en tanto esa letanía de palabras lo enternece, y quizá hasta lo duerme para
así poder soñar las cosas ciertas escondidas en esos vagos sonidos que salen de
su boca, como el agua del caño de una fuente: fresca, cantarina.
Los
mitos nos ofertan las imágenes de un origen sin continuidad, pero, sin duda,
más complaciente que las certezas de la ciencia que nos vinieron luego irrenunciables.
No en vano el mundo del que hablan los mitos era un mundo de dioses, de héroes,
de seres, en fin, fabulosos, como tal vez en la intimidad más protegida nos
pensamos cada uno de nosotros. Y a los dioses, a los héroes, a los seres
extraordinarios del interior del ‘había una vez’, les basta con apalabrar sus
pensamientos para que estos cobren, si no carne y hueso –el maldito peso nuestro-
sí la presencia sutil de algo tan informe como puede ser el agua, siempre en
movimiento, en retirada, despidiéndose, como si no quisiera imponerse con la
brutalidad que albergan sus frecuentes enfados, pero sí quedar, permanecer como un recuerdo de lo imposible que, pese a
todo, nos habita.
Pues
bien, estando en esta tesitura, con medio cuerpo en el territorio del mito y el
otro medio cruzado ya el umbral de la razón, se me ocurre pensar que esa
memoria de la Nada primigenia –pero tan poblada- que la ciencia acaso haga bien
en cuestionar por el bienestar de todos, se recupera y se hace patente en el
instante mismo de la escritura, una avanzadilla, tanto como en los preparativos
de cualquier viaje, por mar con preferencia. En ambos casos, quizá se actúe de
manera irreflexiva (la razón de no ser
razonable es una sinrazón cualquiera, me advirtió un viejo compañero la vez
que ambos quisimos amigar a fondo con las palabras), mas en la firme confianza
de que será la mano y serán los pies los que nos lleven a través de esa
superficie vacía y repleta de misterios
(Ory) que es el papel en blanco y lo es también el mar a su manera. Aquel que
escribe y aquel que se embarca, abandonan por igual, con idéntica decisión, la
tierra firme, prueban el fruto prohibido, y sin que nadie ni nada les sirgue
desde las orillas, se adentran desprevenidos en un territorio sin cartografía
ninguna, tan sólo guiados por el rumor de sus propios pasos, que, extrañamente,
parecen venir de antes de ellos; estar ahí desde antiguo, con sólo prestarle
oídos. Y para ello –preciso reconocerlo y no perder del todo la mesura con uno
mismo- hay que andar un poco loco. Lo suficientemente ensimismado como para dar
por bueno que de haber la verdad sospechada, ésta queda lejos, apartada, y hay
que salir a su encuentro sin pérdida de tiempo, aun cuando ello pueda suponer
perderse por el camino, gastar el propio tiempo y no tenerlo ya para el
regreso; porque, sin mapa -pero dentro de la razón puritana que anima al
convencido de cualquier causa por
imposible que parezca-, nadie puede saber a ciencia cierta (perdón por el pleonasmo)
si ha llegado o no, y entonces sólo caber seguir más lejos, siempre más lejos,
esperanzado, gozoso del viaje, convenciéndote a cada paso, a cada palabra
escrita.
Marineros,
escritores, nautas de la tinta o del agua, vesánicos de una única manía con los
cuales Platón hubiese hecho un hatillo y arrojado al mar, fuera de su ciudad
ideal, y como Cristo hará en su momento con los cerdos a los que contagia la
locura de los hombres, son como parientes lejanos que han de viajar, viajar
permanentemente, eso los congrega, siguiendo la voz de sus ensueños, al compás
de una memoria que conserva el secreto de lo que fue y -¿por qué no si el mundo
no deja de parecernos redondo?- todavía
queda por descubrir en su inalterable incomparecencia.
(Continúa...)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)












