viernes, 22 de febrero de 2013

Sin señalar





-Ese era mi padre-murmuró el sochantre.

-¡Pues era mejor que fuéseis hijo de puta!
                                Álvaro Cunqueiro

jueves, 21 de febrero de 2013

Aplicarse el cuento





La carrera de abogado
un pare le quiso dar a un hijo
la carrera de abogado
y no la quiso tomar
por no llevar en el bolsillo
papeles de criminal
(fandangos de Dolores Agujetas)

fotografía comentada





Una noche -pero sin venir a cuento, o mejor, porque todo aquí ha de ser como en un cuento- los dos bajamos al parque a contar estrellas.
Estaba yo a punto de perder la cuenta, cuando mi niña arrimó su boca a mi boca y sin pensarlo dos veces, me mordió. Como un pajarillo verde que pica y repica los granitos de las uvas y las hojitas del jazmín.
Me vi en el cielo. Anduve de ronda con las estrellas. Y ya nos dieron las tantas sin acostarnos.
¡Qué noche la de aquel día!

Fotografía comentada


Ronda, Málaga, verano 2011

Sencilla como un haiku, caminaba la hermana acompañando a la hermana. El sol daba de pleno sobre la pared de la iglesia en aquella plaza rondeña del ayuntamiento. Era el mediodía. Quizá las hermanitas (Federico Urales) sudaban bajo sus hábitos cuentas de rosario. Quizás a su alrededor corría una ligera brisa con que dios, oidor de sus rezos -compañía de sus pasos- trataba de aliviarlas. Pero yo sólo veía su desamparo en esas horas en que nada más se antoja sentarse a beber unas cervezas, catar las aceitunas del lugar y esperar pacientes a que el sol desfallezca. De modo que si me atrevía a fotografiarlas fue porque en ese mismo instante ellas se cuidaban de la ardentía a la sombra prudente de un árbol espeso. Que ahí se queden para siempre. Como arrulladas por la tentación. Varadas en la zona oscura de las que están forzadas a huir como del diablo.

miércoles, 20 de febrero de 2013

las soluciones de la Báñez

¡Ay!, pobre doña María / ella que no sabe nada / su hijo el de la piel manchada / a sueldo en la policía. Nicolás Guillén

martes, 19 de febrero de 2013

las palabras entonces no sirven

Me parece que lo juicioso es dormir. Fernando Pessoa

Bárcenas el escribiente



Si la Derecha fuese más leída y más escribidora –pero la Derecha no escribe: escritura- enseguida habría descubierto el parecido, la directa semejanza entre Bárcenas el escribiente y Bartleby, el joven a quien Herman Melville le dedicara una abreviada biografía de sus años en la Oficina (entiéndase Oficina en el sentido kafkiano)

Pero no. La Derecha lee poco –con las memorias del altzeimico Aznar le basta y le sobra para pasar el verano-, o lo que leen no les aprovecha al modo de lo que ella entiende por sacar provecho, pues, de lo contrario, ya se habrían percatado del preclaro antecedente (tradición) que explica y justifica su difícil relación con Bárcenas el escribiente.

El tal Bárcenas –nos cuenta Melville- trabajaba en la Oficina. Se portaba bien. No daba quebraderos de cabeza. La Dirección estaba feliz, hasta el punto de no inmiscuirse en sus asuntos. Pero un buen día llegó una chica nueva a la Oficina y ésta chica nueva quiso ponerse al tanto, así que le pidió al escribiente Bárcenas el estado de las cuentas, pues tal era su menester allí.

-Preferiría no hacerlo –le contestó Bárcenas el escribiente sin que ni siquiera uno de sus músculos faciales se le contrajera, señal inequívoca de su buena disposición.

La chica nueva comprendió al instante que a lo mejor se estaba metiendo donde no debía, y lo dejó pasar. Al fin y al cabo, pensó, tampoco era necesario aclarar lo que de suyo estaba claro.

Mas como el mundo está lleno de gente que sólo sabe pensar de forma aviesa y mirar con los ojos bizcos del diablo, hubo quien empezó a sospechar y acabó por encontrar la mierda en medio del lodazal, y fue entonces el despedirlo:

-Váyase sr. Bárcenas.

-Preferiría no hacerlo –volvió a responder Bárcenas el escribiente mientras se dirigía a su despacho pensando en la pureza blanca de la nieve que lo orientaba.

Y no se fue, pues siendo el que era el Estado de las cosas, bastaba con haberlo echado y que no se hubiese ido.


Nota erudita: La ignorancia, pero una ignorancia alerta y consciente, es el cimiento de la verdad. Antoni Artaud.