Se pinta de frente. Se escribe
desde arriba. Se piensa estando a solas y esto hace imposible conocer la postura
adoptada por el individuo pensador en acción. Él mismo nos lo podría confirmar,
pero antes deberá haberse ganado nuestra plena confianza, y en eso de hacerse con
nuestra razón, malgasta todo su tiempo. Luego, cuando por fin parece habernos convencido,
logrado que seamos uno con él, ya resulta demasiado tarde para todos. Entonces lo vemos
tendido bocarriba, los ojos cerrados, los labios apretados, todo su cuerpo entregado
a una pasividad de ensueño. Acaso porque tal sea la postura ideal para el pensador,
y no la que nos dejara Rodin, más de acuerdo con la de un hombre que se ha
detenido y se sienta en la piedra para aliviarse el dolor de sus
zapatos recién estrenados.
martes, 11 de julio de 2017
viernes, 30 de junio de 2017
LA SOCIEDAD DEL ESPECTÁCULO SEGÚN FRANZ KAFKA
Franz Kafka nos
habla de un mono instruido en las ciencias y en las artes del hombre.
No nos cabe
dudar de las palabras de Franz Kafka.
A la vista está
que creemos en todos sus disparates:
Muchos de ellos
se cumplieron.
sábado, 17 de junio de 2017
TEO(A)GONÍA
En la cueva del confín del
mundo se agazapaba una bestia fea
En la bestia, no obstante
lo fea que era, vivía un alma clara
En el alma clara (¡qué jolgorio!)
se hacía querer un dios irascible
En el dios irascible, un
día, creció la vanidad de un hombre a su semejanza
En el hombre, dios era
casi todo el hombre, quedó la nostalgia de la bestia abandonada
En la bestia, distinta
ahora que ya sufría, anidó poco a poco un engaño irreparable
En el fatal engaño cayeron
todos los seres menos la serpiente
La serpiente, a su vez,
engañó a la mujer con una fruta o un diamante
La mujer sedujo al hombre
con su cuerpo desnudo para entonces
El hombre ansió a la mujer
eternamente
Eternamente hay un hombre
que viste traje de miedo
El miedo es de tristeza y
negrura como una cueva
En el penetral de la cueva
vive ahora una fiera corrupia
En la bestia, otra vez ella misma, habita un alma
encarnecida
En la profundidad del alma maduran dios e imágenes
suyas
Las imágenes de dios confunden el corazón de los
hombres
Que por siempre se andan creyendo hombres nada menos
Que se andan creyendo hombres de los hombres ellos
mismos
Y que se toman muy en serio por las palabras mismas
de los hombres
Las únicas palabras de hombre que los hombres
alcanzan
Y he aquí el engaño que más les gusta:
Los hombres se confunden siempre con las imágenes de
los hombres
Y así no hay quien entre los hombres entienda nada
Cuando nada es lo único que suma el hombre
Cero más uno, uno, uno, uno uno, uno
Donde cero y nada no son sino imágenes que se gustan
Y uno es lo mismo cada vez pero vacío
lunes, 22 de mayo de 2017
FAVOR y FERVOR
El editorial de
El País de El día después (en la política y en el cine segundas partes nunca fueron
buenas), o sea de hoy, Lunes al sol, asegura con vozarrón de profeta bíblico
(pero los profetas hablaban bajito por si acaso): …la demagogia de los de abajo
contra los de arriba se ha impuesto a la evidencia de la verdad, los méritos y
la razón. Desde luego, El País no es ‘nada demagógico’ si, como define la RAE,
la demagogia es la práctica política consistente en ganarse con halagos el
favor popular. Algo paradójico en boca de quien, como cabe suponer, sobrevive de la venta de periódicos, que mayormente
han de ser del agrado y la confianza del gran público. Ello me lleva a pensar
que El País considera la posibilidad de dos tipos de demagogia –como decía
Umberto Eco acerca de las lecturas-, una demagogia buena y otra mala, una
natural y otra perversa, pues conseguir el favor del pueblo –el favor popular-,
al menos en democracia, es la condición sin la cual no se accede al poder. La
demagogia buena sería aquella que aun valiéndose del susodicho favor popular en
su ascensión –el jesuítico “el fin justifica los medios”-, una vez en ‘la
gloria’ sabe renunciar al mismo y ajustarse a la evidencia de la verdad, los
méritos y la razón. La mala, extrañamente, aquella otra que cumple sus promesas
‘al pie de la letra’, de la cual, nos cuela El País de manera subrepticia, haríamos
mejor hablando de política-ficción. O sea, como al principio, escuchar la
prohibición original de no tocarle las narices a Padre-dios, o escuchar las
falsas palabras de la serpiente, quien en realidad esconde en su piel arrastrada
al mismísimo Diablo. Poco hemos adelantado.
Y es lo cierto
que hemos adelantado poco -por no mostrarnos pesimistas en exceso- si como El
País en su editorial de ‘El día después admite y nos deja dicho sin asquearse,
ni siquiera ruborizarse, todavía estamos en la dialéctica del Arriba y abajo,
recomendable serie de televisión inglesa, ya que mencionan el brexit. No voy a
entrar en la palmaria injusticia de esta división, ¿puro determinismo biológico
tan a la page?, pues con hacerlo así, probablemente me metiera de cabeza en la
demagogia de los de abajo, situación que arruinaría mi intención de ser tenido
en cuenta por quienes hasta aquí me hayan seguido y en ello encuentren el
momento oportuno de abandonarme. De otra parte, tampoco me parece necesario.
Basta con ceñirse a la literalidad del enunciado para inferir de la misma cómo
no es, ni siquiera, que haya dos demagogias donde escoger, pues a la demagogia
de los de abajo no le opone El País la demagogia de los de arriba. Tal y como
puede verse –tampoco es necesario leer tan falaz discurso- El País atribuye a
los de arriba la evidencia de la verdad, los méritos y la razón. De dónde le
vienen tan gratificantes atributos, no se sabe, pero, desde luego, queda implícito
por no expresado, que no del favor popular (es decir, no de manera democrática),
sino, en el mejor de los casos, de su fervor, de su entusiasmo por la verdad,
los méritos y la razón que los de arriba le permiten envidiarle a los de abajo.
Adenda. Sin mucho
disgusto, desazón o agobio por mi parte,
podría admitir la evidencia de la verdad –faltaría que la verdad no fuese
evidente, aun cuando haya mucho por hablar al respecto, baste con recordar el
dictum de Mairena: La verdad es [evidente] la diga Agamenón o su porquero.
Agamenón: Conforme. Su porquero: No me convence- y de la razón, en tanto
también la verdad es juicio o proposición que no se puede negar racionalmente. Mas
meter en medio los méritos para que la cosa suene, finalmente, a santísima
Trinidad, lo encuentro artificioso, poco o nada natural, incluso
malintencionado. Vale, pero sin terminar de creérmelo, que la verdad y la razón
se den de por sí y ad eternum [el poder es el poder, como la rosa es la rosa],
pero los méritos… Los méritos no se reciben como ‘la gracia’, hay que ganárselos,
son consecuencia de las acciones humanas. Y da la casualidad que tales acciones
hacen meritorios tanto de premio como de castigo, de pena como de gloria. En
las actuales circunstancias, me refiero a las circunstancias ‘nacionales’ que
no puede dejar de contar El País aunque así lo prefiriera, dan más para lo
último que para lo primero.
viernes, 12 de mayo de 2017
UN CUENTO LÚBRICO
No oponga resistencia, me ordenó la Gran María Mercedes mientras
sus manos diestras se afanaban en bajarme los pantalones de pana. La Gran María
Mercedes no es mi médico de cabecera ni tampoco la practicante encargada de
ponerme las inyecciones que mi médico de cabecera me receta continuamente y con
malas maneras. De modo que no debe ser a fin de procurarme ninguna mejoría que
la Gran María Mercedes me quiera con los pantalones de pana caídos a mis pies. Además,
me encara de enfrente y no por la espalda, como sería lo normal, lo propio de
un practicante diplomado, de los cuales sé todo cuanto puede saberse debido a
ser yo un enfermo crónico. Desde que recuerdo, no ha pasado ningún mes, que se
cuentan por años, en el cual no tuviera o tuviese que inyectarme algún mejunje
frío cuyos extraños nombres he preferido no memorizar para así no rebajar las
virtudes mágicas que las palabras pierdan al pronunciarlas quien no está en sus
arcanos. A lo mejor era por esta razón que la Gran María Mercedes no me daba más
pistas sobre sus intenciones. Fuese lo que fuese que iba a hacer conmigo tras
bajarme los pantalones de pana, debía de tratarse de algo mágico, extraordinario,
cuyo previo conocimiento me habría puesto sobre aviso y lo hubiera o hubiese de
acontecer, ya no lo sentiría yo como un todo pleno, absoluto, sin otra
finalidad que ello mismo, y donde yo debía permanecer el mayor tiempo posible
en tanto sujeto pasivo o, como así lo dijo la Gran María Mercedes al cabo,
sujeto sorprendido.
Ya puede salir de su asombro, fueron sus palabras exactas, o quizá fueron las
palabras que yo quise escucharle. Porque me salí. Me salí completamente curado…
para que luego hablen mal de los tratamientos inverosímiles, como los llamaba mi
médico de cabecera.
martes, 4 de abril de 2017
ENALTECIMIENTO DEL TERRORISMO (un cuento moral)
Recuerdo un
tren que partía de Granada a una hora determinada y a una velocidad media de ‘x’
kilómetros por hora, con destino a Madrid. Otro tren semejante salía de Madrid,
a esa misma hora y a una velocidad igualmente controlada, en dirección a
Granada. Este era el problema que nos planteaba el profesor de matemáticas, y
la gracia consistía en dar con el punto y la hora en que los dos trenes
coincidirían. A mi semejante circunstancia me producía pavor. Que dos trenes
repletos de inocentes pasajeros, que por las circunstancias irían medio
dormidos, fuesen inevitablemente a chocar , dejando en los cálculos de unos
ignorantes chiquillos la posibilidad de evitar tan anunciada catástrofe
ferroviaria, lo encontraba de una crueldad y de una irresponsabilidad inconcebibles
en la mente de un adulto. Y así se lo hice saber a nuestro profesor. Pero él,
de quien se rumoreaba que en juventud
había tonteado con la FAI, en lugar de alarmarse como yo lo estaba y correr
a desmontar el embolado, me levantó del pupitre y se me acercó con evidente
aire amenazador. Ya calculaba yo el tiempo en que la palma de su mano diestra
se estrellaría contra mi mejilla izquierda, cuando bajó la cabeza hasta ponerla
a mi altura, acercó su boca a mi oreja y me susurró unas palabras que me
desconcertaron aún más que el hecho de no recibir la bofetada que me esperaba: Son trenes militares, apenas le oí que me decía.
Hoy, a más de cincuenta
años de aquel suceso, que gracias a dios no tuvo consecuencias, mientras me
entretenía hojeando la historia gráfica de un tal Elías, a quien un carro de
fuego subió a los cielos de manera inopinada, he podido comprender al fin que
mi antiguo y dudoso profesor de matemáticas, sólo soñaba. Y que si yo hubiese querido evitar lo que a
todas luces no era sino un atentado en toda regla, como se solía decir, debería
haberme puesto a resolver el problema con tiempo para dar la alarma.
lunes, 3 de abril de 2017
EL ESPLENDOR Y LAS RUINAS
Cuando los pobladores de Noland
se volvieron tan antiguos como la tierra que pisaban (…y entonces se dio entre la tierra y sus moradores el parecido que se
crea al estar hechos del mismo material…) decidieron levantar dos
Monumentos que los perdurara hasta más allá de las Cuentas del Tiempo, el
Almanaque solar por el cual se guiaban con tan perfecta exactitud como armonía.
A uno lo llamaron Monumento a la Memoria. Y al otro, su parejo, Monumento al
Olvido. Constan en los Anales de Noland las Disposiciones que deberían regir la
construcción. Los dos tendrían el mismo tamaño, continente y contenido y
ocuparían la misma plaza –allí donde ya tenían calculado los agrimensores el
nodo de Noland-, de modo y manera que no se pudiese ver el uno sin estar viendo
a la vez el otro, como a las parejas en el lecho. Habrían de erigirse al par,
en sintonía. Con un único pensamiento expuesto en dos dibujos incomparables.
Por los mismos pares de manos animados por un solo corazón. Igualmente ,y como
conformando la finalidad de Las Disposiciones principales, aparece un añadido
cuyo sentido aun hoy sigue confundiendo a los exégetas del documento:
Nada extraordinario
se ha de ver en la voluntad de los nolanos –y no nolardianos como mal escriben
muchos- de levantar los nombrados monumentos: Monumento a la Memoria y
Monumento al olvido. No se halle en ello ningún afán compensatorio, y menos aún
el intento extranjero conocido como La identidad de los contrarios, entre la
memoria y los olvidos. Lo de afuera y lo de adentro. Lo lleno y lo vacío. La suma
y la resta. El esplendor y las ruinas. En fin, todo cuando se acaba y se
empieza en el mismo instante. lo nuevo que se sucede de lo viejo.
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