domingo, 5 de febrero de 2012
jueves, 2 de febrero de 2012
Excursus sobre el libro
+ Quien piense que el libro es un contenedor de ‘noticias’, las cuales hay que dar a conocer con la urgencia y la extensión requeridas por el caso, no se entera de nada; es un inope cultural.
Se mire como se mire el asunto, el libro es libro mientras permanece cerrado.
+ No le conviene al libro la metáfora gastronómica. Un libro jamás es, de por sí, el alimento del espíritu, por mucho que algunos de ellos, la mayoría, lleguen a provocar indigestiones.
Nadie resulta más detestable, aborrecible, falto de gusto y sensibilidad, que quien, conforme con ese transporte de sentidos entre comida y lectura –donde el termino privilegiado de la metáfora es la comida-, quiere completar el ciclo natural de la ingesta, y nada más terminar de leer ‘su libro’, cual mormón novicio corre a contártelo, lo cual es como cagarte encima.
+ El contenido de un libro se repite idéntico a sí mismo como tantos ejemplares se ‘tiran’ de él y, al cabo, acaba convertido en una vulgaridad manifiesta en boca de cualquiera.
No obstante, ello no constituye ‘óbice, valladar o cortapisa’ para que quien tenga un libro en sus manos no se sienta el dueño del Libro y ejerza su majestad recomendándolo pero jamás prestándolo.
Ocurre tres cuartos de lo mismo con el matrimonio. Cuantos y cuantas sobreviven de casados, advierten de sus condiciones favorables luego de cuidarse mucho de poner a salvo su ‘ejemplar’, diferenciando con claridad meridiana (las dudas asomarán con el tiempo) entre el concepto común y el objeto del cual ellos gozan en exclusiva.
Cierto que más tarde o más temprano aparecerá en la mente de los ayuntados el fantasma de la poligamia y la cosa quizá se tuerza como la rosca de un tornillo de tuerca: sin fatalidad. Pero esta cuestión apenas si atañe al amante del libro, pues él cuenta con la Biblioteca y la conciencia de que monogamia y poligamia son circunstancias antitéticas sólo si se dan a la vez.
+ Por todo lo cual, y por más que en otra ocasión recogeremos, el buen bibliómano, ese que tiene la manía de los libros una vez alejados de su mayor pecado: la instrucción, no teme la aparición del libro virtual y la piratería de la Red. Más bien la aplaude y se felicita por ella en tanto y cuanto hace del libro un objeto más raro aún de lo que ya es.
A la espera del día en que por fin los libros tengan una tirada de un único ejemplar: el mío.
Se mire como se mire el asunto, el libro es libro mientras permanece cerrado.
+ No le conviene al libro la metáfora gastronómica. Un libro jamás es, de por sí, el alimento del espíritu, por mucho que algunos de ellos, la mayoría, lleguen a provocar indigestiones.
Nadie resulta más detestable, aborrecible, falto de gusto y sensibilidad, que quien, conforme con ese transporte de sentidos entre comida y lectura –donde el termino privilegiado de la metáfora es la comida-, quiere completar el ciclo natural de la ingesta, y nada más terminar de leer ‘su libro’, cual mormón novicio corre a contártelo, lo cual es como cagarte encima.
+ El contenido de un libro se repite idéntico a sí mismo como tantos ejemplares se ‘tiran’ de él y, al cabo, acaba convertido en una vulgaridad manifiesta en boca de cualquiera.
No obstante, ello no constituye ‘óbice, valladar o cortapisa’ para que quien tenga un libro en sus manos no se sienta el dueño del Libro y ejerza su majestad recomendándolo pero jamás prestándolo.
Ocurre tres cuartos de lo mismo con el matrimonio. Cuantos y cuantas sobreviven de casados, advierten de sus condiciones favorables luego de cuidarse mucho de poner a salvo su ‘ejemplar’, diferenciando con claridad meridiana (las dudas asomarán con el tiempo) entre el concepto común y el objeto del cual ellos gozan en exclusiva.
Cierto que más tarde o más temprano aparecerá en la mente de los ayuntados el fantasma de la poligamia y la cosa quizá se tuerza como la rosca de un tornillo de tuerca: sin fatalidad. Pero esta cuestión apenas si atañe al amante del libro, pues él cuenta con la Biblioteca y la conciencia de que monogamia y poligamia son circunstancias antitéticas sólo si se dan a la vez.
+ Por todo lo cual, y por más que en otra ocasión recogeremos, el buen bibliómano, ese que tiene la manía de los libros una vez alejados de su mayor pecado: la instrucción, no teme la aparición del libro virtual y la piratería de la Red. Más bien la aplaude y se felicita por ella en tanto y cuanto hace del libro un objeto más raro aún de lo que ya es.
A la espera del día en que por fin los libros tengan una tirada de un único ejemplar: el mío.
miércoles, 1 de febrero de 2012
martes, 31 de enero de 2012
La chusma poética
-Españolito que vienes al mundo, te guarde dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón. (A. Machado)Anoche me encontré en un gracioso apuro. Mis padres y mis hermanas fueron al Liceo, el servicio aprovechó para ir a ver a Lola Flores. (J. Gil de Biedma)
Así pues, ¿Chacón o Rubalcaba?
-Curioso que cualquier empresa común que se quiera emprender en España haya de ser una Reconquista. Porque, la verdad, ¿hemos tenido algo, alguna vez, merecedor de volver a ello?
Aparte del esplendor de oropel del Real Madrid, nada
-Si la brújula te falla, sólo te queda cambiar de lugar los lugares del mundo – exclamó el viejo poeta vesánico a quien, pese a sus gritos, nadie escuchaba.
lunes, 30 de enero de 2012
Escatologías –II-
Rajoy impone el déficit cero y castigos para las autonomías manirrotas.
Los titulares de la prensa se deben al interés y no a la ‘verdad’, de manera que no pasan de sugerir. Como el cartero –ese entañable ser en vías de extinción-, se queda en la puerta prudentemente, no sea que al destinatario de la carta, ante la gravedad de la noticia, le de por emprenderla con él, lejos de toda culpa.
El déficit cero –ni frío ni calor- afecta nada más a los ayuntamientos, pues debe quedar alguno que todavía no sea ‘popular’. Las autonomías -que sí lo son a la espera de la rendición total de Andalucía, donde si ya sobraban sevillanos pijos con el pelo engominado, salvo los caracolillos que a modo de primoroso encaje les cubren el desierto cogote, y el jersey ligeramente descuidado sobre los caídos hombros, los vamos a tener hasta en el gazpacho de pobres: agua, un chorrillo de aceite y menos de vinagre, sal y trocitos de tomate y de pimiento, como las sorpresas de un roscón de Reyes, nadando en el agua límpida. Las autonomías, decíamos, podrán alcanzar el 1,4%, posiblemente la cantidad precisada para pagarse la gomina (la manicura, la sauna, la clínica de reposo, el personal coach y los trajes, que no se nos olvide pedir la factura del traje) y la túrmix para el gazpacho de rico, de los cargos del Partido.
Malos tiempos para Spaín, se lee en la página siguiente del periódico que trato con mucho mimo, por si se da el caso de tener que usarlo en lugar del papel higiénico –sedoso y perfumado- que desde primeros de año he dejado de adquirir por eso de sumarme al esfuerzo y el ahorro nacional. Pero no se preocupen por mí: tampoco como.
Los titulares de la prensa se deben al interés y no a la ‘verdad’, de manera que no pasan de sugerir. Como el cartero –ese entañable ser en vías de extinción-, se queda en la puerta prudentemente, no sea que al destinatario de la carta, ante la gravedad de la noticia, le de por emprenderla con él, lejos de toda culpa.
El déficit cero –ni frío ni calor- afecta nada más a los ayuntamientos, pues debe quedar alguno que todavía no sea ‘popular’. Las autonomías -que sí lo son a la espera de la rendición total de Andalucía, donde si ya sobraban sevillanos pijos con el pelo engominado, salvo los caracolillos que a modo de primoroso encaje les cubren el desierto cogote, y el jersey ligeramente descuidado sobre los caídos hombros, los vamos a tener hasta en el gazpacho de pobres: agua, un chorrillo de aceite y menos de vinagre, sal y trocitos de tomate y de pimiento, como las sorpresas de un roscón de Reyes, nadando en el agua límpida. Las autonomías, decíamos, podrán alcanzar el 1,4%, posiblemente la cantidad precisada para pagarse la gomina (la manicura, la sauna, la clínica de reposo, el personal coach y los trajes, que no se nos olvide pedir la factura del traje) y la túrmix para el gazpacho de rico, de los cargos del Partido.
Malos tiempos para Spaín, se lee en la página siguiente del periódico que trato con mucho mimo, por si se da el caso de tener que usarlo en lugar del papel higiénico –sedoso y perfumado- que desde primeros de año he dejado de adquirir por eso de sumarme al esfuerzo y el ahorro nacional. Pero no se preocupen por mí: tampoco como.
¡Qué no te quieres enterar!
Umberto Eco hablaba de cómo el fascismo había dejado de ser, simplemente, un movimiento político concreto para convertirse en lo que ya era: una actitud que preñaba la política en determinados momentos y siempre. Lo llamo Ur fascismo, el fascismo de los orígenes y el fascismo eterno.
Wilhelm Reich desvelaba la psicología fascista y le sugería al pequeño hombrecito que la escuchara subir desde su interior más profundo. Cosa que, por supuesto, el pequeño hombrecito no hace por temor a que ese facistilla okupa asome de una vez por todas y le gane la casa común. De modo que se convierte, acaso sin saberlo, en el gran represor de sí mismo, o si lo prefieren, en el ur-fascista de la razón dominadora.
Freud, refiriéndose a aquel que sueña con matar (p.e.), sentenció (por algo era Freud) que el hombre bueno se contenta con soñar lo que el hombre malo, en cambio, es capaz de llevar a cabo.
Lo curioso de todo esto es que en las condiciones de vernos obligados a realizar aquello que no nos acaba de gustar, echamos mano de ese homúnculo interno, de ese malo, de ese fascista que guardamos y así es como terminamos haciendo lo que no queríamos hacer, o sí.
Pero de ello sólo nos damos cuenta porque sucede en el otro. Es el otro el que enloquece mientras nosotros seguimos cuerdos. El que está bebido, drogado, fuera de sí, jamás es uno mismo, lo es quien te lleva la contraria; quien te ofrece su opinión en lugar de su conformidad.
Me ocurrió anteayer. Visitaba un centro liberado donde hablaban de cárcel igual a tortura y se me ocurrió, aun estando de acuerdo con esa proposición inicial, que, no obstante, algo callado la viciaba. En contra de mi pasividad natural, y como andaba algo extrañado por la ingesta de agradables espiritosos, lo dije así para que me oyeran, apelando a argumentos que, ¡claro!, no poco le debían a esos tragos y trasgos capaces de distorsionar ‘las maneras’. Cansados de mi voz, pues no voy a dudar de su probidad intelectual ni a tomarme a mí mismo tan en serio, a tal evidencia recurrieron por mor de callarme.
Y me callé y me fui. Eran más y contaban con la razón, estable en la suma y capaz de crear un estado de conciencia fuera del cual no existe posibilidad alguna. Sólo a un poeta (Paul Eluard) se le ocurre decir: Hay otros mundos, pero están en éste. Mentira. Reunidos los hombrecillos, no existe más mundo que su mundo; otra conciencia que la suya. Para eso se reúnen.
Wilhelm Reich desvelaba la psicología fascista y le sugería al pequeño hombrecito que la escuchara subir desde su interior más profundo. Cosa que, por supuesto, el pequeño hombrecito no hace por temor a que ese facistilla okupa asome de una vez por todas y le gane la casa común. De modo que se convierte, acaso sin saberlo, en el gran represor de sí mismo, o si lo prefieren, en el ur-fascista de la razón dominadora.
Freud, refiriéndose a aquel que sueña con matar (p.e.), sentenció (por algo era Freud) que el hombre bueno se contenta con soñar lo que el hombre malo, en cambio, es capaz de llevar a cabo.
Lo curioso de todo esto es que en las condiciones de vernos obligados a realizar aquello que no nos acaba de gustar, echamos mano de ese homúnculo interno, de ese malo, de ese fascista que guardamos y así es como terminamos haciendo lo que no queríamos hacer, o sí.
Pero de ello sólo nos damos cuenta porque sucede en el otro. Es el otro el que enloquece mientras nosotros seguimos cuerdos. El que está bebido, drogado, fuera de sí, jamás es uno mismo, lo es quien te lleva la contraria; quien te ofrece su opinión en lugar de su conformidad.
Me ocurrió anteayer. Visitaba un centro liberado donde hablaban de cárcel igual a tortura y se me ocurrió, aun estando de acuerdo con esa proposición inicial, que, no obstante, algo callado la viciaba. En contra de mi pasividad natural, y como andaba algo extrañado por la ingesta de agradables espiritosos, lo dije así para que me oyeran, apelando a argumentos que, ¡claro!, no poco le debían a esos tragos y trasgos capaces de distorsionar ‘las maneras’. Cansados de mi voz, pues no voy a dudar de su probidad intelectual ni a tomarme a mí mismo tan en serio, a tal evidencia recurrieron por mor de callarme.
Y me callé y me fui. Eran más y contaban con la razón, estable en la suma y capaz de crear un estado de conciencia fuera del cual no existe posibilidad alguna. Sólo a un poeta (Paul Eluard) se le ocurre decir: Hay otros mundos, pero están en éste. Mentira. Reunidos los hombrecillos, no existe más mundo que su mundo; otra conciencia que la suya. Para eso se reúnen.
sábado, 28 de enero de 2012
Crónica de una inocencia anunciada

Como en el Circo –pero sin el como-, hay que poner cara de asombro, fingir que te sorprendes, mostrar que se te alivia el alma cuando el trapecista, luego de un triple salto mortal con estrambote, pone el pie en la arena, a salvo ya de cualquier contingencia desfavorable. Como en el circo –pero sin el como-, todo debía estar previsto –atado y bien atado, franco enunciado- en el juicio con jurado ‘popular’ de Francisco Enrique Camps Ortiz a tenor de esa sentencia absolutoria que resuelve el caso a su favor y provoca la aclamación unánime de los espectadores.
Vale que pudiera haber devenido un accidente; que lo inopinado se hiciera carne –como lo escribiría un metafórico de derechas- y al mentado Francisco Enrique Camps Ortiz lo hubiesen declarado culpable, pues también puede ocurrir en el circo –pero sin el como- que el trapecista se despanzurre contra el suelo (dios no lo quiera). A veces, en ocasiones conviene al espectáculo, a su credibilidad.
La cuestión está en determinar si en esta ocasión concreta existía o no semejante posibilidad. Y juzgo razonablemente que no. Bueno, lo de razonable vamos a dejarlo entrecomillado, pues visto que yo me ando más bien entre ficciones, que mejor me fio de un cuento antes que de un teorema, en realidad cuando pienso en ello me asaltan la cabeza algunas escenas del cine americano. Esas en que un negro habla con un agente del efebei y éste le dice: si te entregas, tendrás un juicio justo. Usted es gilipollas, le contesta el negro, aunque se trague lo de gilipollas por si acaso eso supone resistencia a la autoridad. No ve que soy negro y esto es Alabama.
Pues lo mismo pienso que pienso respecto del juicio del señor Camps Ortiz. ¿Un juicio justo? (proposición para evidenciar la fatalidad de un juicio injusto; que juicio y justicia, con venir de la misma familia léxica, no andan bien avenidos) ¿No ve que yo soy el camps y esto es Valencia?
Menos dificultades debió tener Abraham para hallar diez hombres justos en Sodoma que el Tribunal en Valencia para decidir los nueve que compondrían el jurado que habría de declarar inocente al tito camps. Lo decía El Mundo, no yo, que cada valenciano oculta a Hacienda rentas por valor de 5.331 de euros de media al año. ¿Habrá quién en Valencia piense que recibir regalos es delito? Por otra parte, ya se sabía que en dicha Comunidad (autónoma donde las haya) al menos uno de cada dos estaba a favor del ‘tito’, conforme pudo verse en las pasadas elecciones autonómicas y generales (52,2% de votos a favor de los Pijo Pollas).
Así las cosas, si se tratara de buscar inocentes, ya sabemos en dónde no debemos hurgar. En Valencia, el más tonto fabrica relojes, dice el castizo. Crematorio, la rebautizó una serie televisiva de mucho éxito.
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